miércoles, 30 de noviembre de 2011

Prozac

El otro día me ocurrió una cosa curiosa. En menos de veinticuatro horas mantuve conversaciones con tres personas que hicieron alusión a la toma de Prozac, bien porque lo tomaban ellas mismas o bien porque lo tomaba alguien cercano. En los tres casos eran mujeres. Para una antipastillas como yo, y más si están relacionadas con una cosa tan compleja como el cerebro, fue un auténtico shock...y me dije:"¿qué está pasando?..¿por qué no somos felices?..¿por qué no somos capaces de superar nuestros malestares y problemas por nosotros mismos?
Decidí que tenía que escribir algo sobre ello y cuando empiezas a buscar información, te das cuenta que el Prozac, también conocida como "la pastilla de la felicidad" es algo bastante más habitual de lo que yo esperaba. Y así, en una primera aproximación al tema y sin mucha profundidad, empiezo a darme cuenta que quizá sea yo, por mi especial aversión a la excesiva medicación, la que tengo perjuicios sobre este tipo de fármacos y pienso que para tomarlos es que hay que estar muy mal, muy mal, muy mal....y no que, según me informo, en el fondo somos química y el Prozac es un medicamento que restaura los niveles de serotonina a sus valores normales.Pero.... qué es la serotonina. Pues según leo en la web enbuenasmanos.com, es un neurotransmisor que se encuentra en varias regiones del sistema nervioso central y que tiene mucho que ver con el estado de ánimo. Luego también leo algo sobre efectos secundarios del Prozac y eso...(pero todo químico tiene sus contraindicaciones) y estudios que creen que el Prozac tiene un efecto placebo considerable en determinados tipos de depresión.
Satisfecha mi curiosidad inicial sigo pensando que en casos en los que de repente tengas un déficit de una determinada sustancia, como cuando tienes anemia, es normal tomar vitaminas o pastillas que ayuden a segregarla, pero cuando nuestra depresión viene por un detonante externo, deberiamos de ser lo suficientemente fuertes para saber enfrentarnos a ello. Los psicólogos, los psiquiatras, los médicos tienen en su mano la posibilidad, y lo hacen, de recetar la "pastilla de la felicidad" pero yo, personalmente, prefiero aprender a enfrentarme a la vida y a todo lo que me pueda pasar con mi propia segregación de serotonina. Muchas personas pensarán que abordo el tema de una forma un poco frívola, pero es, más bien, todo lo contrario, creo que la depresión, la ansiedad y estos males del siglo XX y XXI son temas muy serios y no se debería dejar al albur de un pastilla porque en el fondo es como solucionar nuestros problemas dopándonos a diestro y siniestro. Habrá casos en los que sea necesaria pero en otros estoy convencida que no. Ahora que está tan de moda hablar del control del gasto farmacéutico, me parece que nosotros mismos deberíamos ser capaces de intentar superar nuestros miedos y temores sin ayudas químicas.

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