Dicho todo esto, estoy totalmente en contra de las comentarios anónimos de las noticias que aparecen en los medios digitales, en los que se pone verde, se insulta, se inventa, se tergiversa …con unos comentarios que se amparan en el anonimato y en el que no se sabe el autor de tanta bilis y tanta desinformación. Insisto, creo profundamente en la libertad de expresión y creo que los lectores de un medio de comunicación pueden dar su opinión, pero con nombres y apellidos y dando la cara.
Cualquier medio de comunicación que se precie cuando recibe un anónimo no lo publica. La primera lección del periodismo responsable dice que lo primero que hay que hacer cuando tienes constancia de que ha pasado algo o alguien te chiva una suculenta noticia es “contrastar las fuentes” y un profesional se encarga de hacerlo y más si la noticia es polémica. Si se comprueba que lo que ha llegado a la redacción es cierto, para adelante….si no, no se publica. Otra cuestión es cuando la fuente informativa da su nombre y apellidos y sus declaraciones tienen un dueño. Ahí, el periodista no siempre comprueba lo que dice pero tampoco tiene la obligación ética de hacerlo puesto que si la persona que lo cuenta da la cara, la responsabilidad de lo que diga es suya.
Sin embargo, cuando el que dice algo es un anónimo comentarista nadie se encarga de contrastar y puede decir la “burrada” que quiera y el medio que sustenta este comentario está amparándolo y está dando cobertura a un “valiente” opinador y la responsabilidad viene a ser del medio. Esta actuación no es la del espíritu de libertad de expresión recogido en nuestra Constitución. No creo que nadie que lo piense seriamente defienda esta forma de opinar como el ejemplo de libertad de expresión, porque se cae por su propio peso.
Hace ya más de un año, saltaron a la palestra dos casos extremos de esta “valiente opinión” en esos “inocentes comentarios”. Uno fue sobre la entonces portavoz del Gobierno de Castilla-La Mancha, Isabel Rodríguez, y otro sobre la presidenta del PP de Castilla-La Mancha y hoy también presidenta de esta Comunidad Autónoma, María Dolores Cospedal.
Seguro que muchos lo recuerdan. En el primer caso, venía a justificarse una violación de la portavoz del Gobierno no por guapa sino para hacerle daño -no sé que tipo de opinión es esa pero estoy segura que no está amparada por el derecho a la libertad de expresión más bien es la libertad de ofensa la que está representando-. En el segundo caso, creo recordar que se hacía alusión a que el hijo -un menor- de Cospedal se pusiera enfermo para que su madre tuviera que ocuparse de él y no de Castilla-La Mancha. Ridículo, si no fuera por lo que en el fondo está denotando el odio contra una dirigente política. Está claro que los “valientes opinadores” no son exclusivos de uno u otro bando, están en todos, y yo creo que hay que ponerle algún coto al campo pero, sobre todo, que no se quiera justificar así la libertad de expresión.
Opinión sí, toda la que quieran los lectores, pero con responsabilidad, haciéndose responsable de ella quien se lo tenga que hacer, nada de anonimatos, nada de insultos y nada de ofender por ofender. El que quiera ver en eso una censura es que no entiende nada del sistema democrático y para todos de los que se dotó este país hace ya más de 30 años.
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